Terapias

 

El retrato que suele tenerse de la psicología (y cuya imagen le debemos al cine) consiste en una persona recostada en un diván que rememora su infancia y la relación temprana con su madre, mientras el psicólogo, parapetado tras una pipa humeante, gafas redondas, perilla y bloc de notas, intenta sacar a la luz las repercusiones inconscientes que el pasado de su paciente ejerce sobre su vida actual. Esta forma de hacer psicología se llama Psicoanálisis. Surgió en el siglo XIX y se la debemos a Sigmung Freud, una de las mentes más preclaras de su tiempo.

Las terapias que voy a describir, sin embargo, son de más reciente aparición y no se parecen prácticamente en nada a lo descrito.

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Uno de los problemas y, al mismo tiempo, una de las virtudes de la psicología actual es la gran segmentación que sufre esta ciencia en forma de diferentes escuelas, corrientes, movimientos, enfoques, paradigmas, generaciones… un auténtico mar de opciones donde uno puede perderse fácilmente. Cada profesional de la psicología defenderá su manera de trabajar, asegurando que las terapias que practica son las mejores. Mi opinión es que un enfoque integrador, capaz de adaptarse a las demandas concretas y al perfil de cada consultante, es la opción más inteligente. Por ello, considero una ventaja personal y profesional haber recibido una formación ecléctica, ya que me permite aplicar en cada momento lo mejor de cada terapia.

Las técnicas cognitivo-conductuales son especialmente eficaces en el tratamiento de los trastornos de ansiedad y depresión, los más comunes entre la población. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, las técnicas de relajación, las técnicas de exposición, los condicionamientos, la activación conductual, el entrenamiento en habilidades sociales, las estrategias de regulación emocional, la reestructuración cognitiva y la solución de problemas, sólo por citar aquellas que más ampliamente se utilizan en consulta y que han sido científicamente investigadas demostrando su solvencia terapéutica. La Cognitivo-Condutual es la terapia que ha demostrado su eficacia con mayor evidencia empírica hasta la fecha.

La dinámica habitual de estas terapias comienza con una entrevista inicial mediante la cual terapeuta y cliente/paciente se comprometen a alcanzar unos objetivos comunes. Después siguen algunas sesiones de evaluación psicológica. El terapeuta realiza el análisis funcional de la conducta y decide, en su opinión profesional, de qué manera se debe actuar. A partir de ahí se pacta entre ambos una línea de tratamiento y un número estimado de sesiones necesarias, entre 12 y 20 normalmente. Tras la terapia se realiza de nuevo una evaluación psicológica para comprobar si se han alcanzado los objetivos perseguidos. El proceso terapéutico revisa y actualiza continuamente sus objetivos.

El Mindfulness, también llamado Conciencia Plena, es un entrenamiento mental que se basa en la meditación. De todos los prodigios que la mente humana es capaz de realizar, uno de ellos es la atención y, como tal, no debemos descuidarla. Meditar es básicamente entrenar la atención. A través de la práctica de la meditación, la realidad se hace más accesible a la conciencia. Entramos en contacto con el estricto presente, con el aquí y el ahora, consiguiendo así una mayor lucidez mental.

Con la práctica del Mindfulness se consigue serenidad, ecuanimidad y compasión. La serenidad se refiere a la limpieza de “ruido” mental. La ecuanimidad es la imparcialidad de juicio y nos permite ser más tolerantes. La compasión no tiene que ver con la misericordia o la piedad, sino que se refiere más al concepto oriental tradicional donde uno COMparte las PASIONes de su alrededor, entendiendo la existencia de forma integradora y no disociativa con el entorno, y obteniendo así sensación de trascendencia.

El secreto del Mindfulness se basa en la aceptación de todo lo que ocurre. Esta aceptación no significa resignación, sino simplemente observancia sin juzgar de todos los fenómenos que acontecen tanto dentro como fuera de nosotros. La aceptación consiste en no tratar de alterar la realidad, en dejarlo entrar todo en la conciencia tal y como es, para a partir de ahí poder actuar en consecuencia y, si así lo decidimos, orientarnos hacia algún cambio en nuestra vida. Se trata de un método de conocimiento que actúa a través de la experiencia directa.

El ser humano está más predispuesto a percibir los aspectos negativos de la vida que los aspectos positivos. Probablemente, desde un punto de vista evolutivo, haya sido más adaptativo atender a los elementos potencialmente dañinos que a los elementos beneficiosos. Por poner un ejemplo claro, siempre fue más importante para el ser humano saber dónde está una manada de leones que unos árboles frutales. Se entiende, por tanto, por qué pasamos más tiempo preocupados que disfrutando. Sin embargo, este oscuro cristal que usamos para mirar no suele estar justificado hoy en día.

La idea nuclear de la Psicología Positiva es aprender a comportarnos, a relacionarnos, a pensar y a sentir de forma más positiva. Para conseguirlo se utilizan diversos ejercicios terapéuticos, como la memoria autobiográfica positiva, la compasión con uno mismo, el saboreo de los momentos, la puesta en práctica de fortalezas personales y virtudes, la identificación de los valores propios, darle sentido a la vida, el ejercicio de la gratitud, la práctica de la amabilidad, aprender a pedir perdón… por poner algunos ejemplos.

La Psicología Positiva nace de la idea de trabajar en consulta los aspectos positivos que naturalmente posee una persona, en lugar de centrarse en subsanar sus déficits y sus carencias. La salud no puede entenderse como la mera ausencia de enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS)define la salud como un estado global de bienestar físico, mental y social. La Psicología Positiva, en consecuencia, trabaja para elevar el grado de bienestar de la persona, en lugar de centrarse en eliminar su malestar.

La evaluación constructivista se basa en la primacía de los significados personales, que son únicos en cada individuo, destacando así el papel activo del ser humano en la construcción de su propio conocimiento. El constructivismo entiende la mente humana como proceso y resultado de las experiencias vividas de cada individuo. Para el constructivismo no existe una realidad única y objetiva, sino que cada ser humano construye su propia realidad subjetiva de forma activa. La función de nuestro particular sistema de significados personales es predecir la realidad y, en consecuencia, ayudarnos a movernos por el mundo.

Sin embargo, es posible que este sistema de significados, a través del cual entendemos nuestra realidad, no sea el apropiado para orientarnos en el sentido que nos gustaría. A veces es demasiado complejo, a veces es demasiado simple, y a veces entra en contradicción consigo mismo y nos mantiene atrapados en paradojas. La psicología constructivista evalúa la coherencia y funcionalidad de la realidad subjetiva que cada persona se construye.

La evaluación constructivista utiliza distintas técnicas, como la Técnica de Rejilla o los métodos de escalamiento. Estos procesos permiten que la persona comience a conocerse en profundidad y, desde el primer momento, pueda flexibilizar y reorganizar de una manera más funcional sus significados personales. Una persona con un sistema de significados personales equilibrado y coherente encontrará su realidad mejor explicada y más predecible y, en consecuencia, actuará de manera más eficiente ante las demandas de su vida.

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