Libros recomendados

 

Aquí encontraréis resúmenes y reseñas sobre libros de psicología, orientados a psicólogos principalmente.

 

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de Paul Watzlawick, Janet Helmick Beavin y Don D. Jackson. Editorial Herder: Barcelona.

 

El marco de referencia

El marco de referencia es siempre fundamental para comprender la comunicación humana. La importancia del contexto está fuera de toda duda. La semántica de los mensajes depende de muchas cosas que van más allá del propio lenguaje utilizado para comunicarse. En el libro se menciona Konrad Lorenz, quien investigaba sobre el troquelado en los animales. Este etólogo imitaba el comportamiento de las madres de pato con la intención de que los patitos le siguieran. Evidentemente, quien le viera comportarse así y no captara el contexto de su conducta, pensaría que tal señor estaba loco.

La conducta humana no es distinta a una función matemática. Se puede concebir como el resultado de diferentes variables que se combinan desde diferentes magnitudes. Cada estado psicológico se puede entender como una función de una serie de variables y es importante la sinergia que se produce entre ellas en cada momento. Aunque luego lo cosifiquemos en un resultado final, lo más importante es el proceso. Por ejemplo, aunque el acto físico es el mismo, dar una patada a una piedra o propinársela a un perro comunican cosas muy distintas.

Las relaciones humanas pueden considerarse sistemas retroalimentados. Esto significa que no son deterministas, dado que su estado inicial no predice su estado final; ni tampoco teleológicas, puesto que de su estado final no puede extraerse o colegirse cuál era su estado inicial, ni tampoco sus estados intermedios. Por lo tanto, subsisten procesos de autorregulación que mantienen un equilibrio interno, una estabilidad u homeostasis. Por muy patológica que sea una relación o un sistema de comunicación establecido (por ejemplo, las relaciones familiares), siempre se resistirá a perder su equilibrio interno.

Para cambiar esto se debe poder hablar de la propia comunicación que se está sosteniendo desde otro nivel. El problema es que no existe una simbología propia o un lenguaje primario de la comunicación, como, por ejemplo, sí lo hay en matemáticas o en química. Para hablar sobre la comunicación utilizamos la propia comunicación. En este sentido, los estudios sobre comunicación humana tratan de hallar una vía para hablar sobre ella, pero no pretenden reemplazar los estudios sobre genética o sobre causas internas de la conducta humana. La intención es superponer otro nivel explicativo, otro nivel de comprensión de la conducta, basado en las interrelaciones sistémicas.

El síntoma puede entenderse como parte del juego de reglas en el cual la vida de la persona está inmersa, sobre todo en relación al resto de personas con las que convive. Muchas veces el síntoma carece de operacionalización por mucho que indaguemos en su génesis y, sin embargo, cobra todo el significado al estudiarlo en su contexto. En este sentido, en lugar de preguntarnos “¿por qué?” está aquí dicho síntoma, más útil sería preguntarnos “¿para qué?”, es decir, qué entramado de interacciones está sosteniendo el síntoma.

 

Algunos axiomas de la teoría

Dado que es imposible no comportarse, y toda conducta dentro de una interacción puede entenderse como un mensaje, se concluye que es imposible no comunicar.

Por otro lado, una cosa es el aspecto referencial (contenido de lo que se dice) y otra el aspecto conativo (el cómo debe entenderse lo que se dice). Tenemos, por lo tanto, dos niveles de comunicación: el de contenido y el relacional.

En psicología conductista las interacciones se basan en el esquema estímulo-respuesta. A dice algo que estimula la respuesta de B. Sin embargo, según la teoría de la comunicación humana se plantea que la respuesta es a su vez también estímulo de la siguiente respuesta. La comunicación es, en realidad, una serie alternada de interacciones virtualmente infinita y sin un principio determinado. Las personas que acuden a terapia con una comunicación disfuncional tienen explicaciones muy distintas de lo que sucede. Suelen posicionar el principio de tal comunicación, es decir, de tales problemas, en puntos muy distintos. Por ejemplo, una dice “te grito porque no haces nada”, mientras el otro afirma que “no hago nada porque me tratas mal”.

La comunicación hablada se compone de una parte digital, con símbolos arbitrarios (las palabras) y de una parte analógica, compuesta por la trama no verbal (la postura, los gestos, el volumen de la voz, etc.). La parte digital da cuenta del contenido de la comunicación, mientras que la parte analógica se ocupa de la dimensión relacional. La una es más sintáctica, formal, mientras que la otra es más semántica, referencial.

 

La comunicación patológica

Atendiendo a las diferencias entre las dos estructuras de la comunicación, contenido y relación, habrá comunicación psicopatológica cuando haya desacuerdo en ambas cosas, tanto en el contenido de lo que se está comunicando como en la percepción de la relación que los integrantes de la comunicación mantienen. No obstante, también existen formas mixtas donde puede haber desacuerdo: a) desacuerdo sólo en el contenido, lo cual permitiría que la relación siguiera siendo estable, ya que los participantes, de forma madura, han “acordado estar en desacuerdo”, aunque sea de forma tácita, sobre su manera de entender las cosas, pero se llevan bien y entienden su relación de igual modo; b) desacuerdo sólo en la relación, por ejemplo cuando ambos cónyuges deben enfrentarse a un problema que los une, pongamos un hijo drogadicto: ambos están aliados contra un problema mayor, aunque se peleen constantemente; en este caso, cuando el problema desaparece y, por lo tanto, se desvanece su acuerdo sobre el contenido de sus comunicaciones, dicho matrimonio se volverá inestable y correrá peligro, dado que la disfuncionalidad relacional cobrará más relevancia; y c) cuando una personas se ve obligada a dudar de sus propias percepciones sobre el contenido de la comunicación para preservar una relación que le resulta vital con otra persona, lo cual dará lugar a comunicaciones paradójicas, como puede ocurrir en casos de malos tratos.

Muchas veces el síntoma psicopatológico en la comunicación supone que una fuerza externa (la situación, mi enfermedad, etc.) es lo que impide comunicarse adecuadamente, evadiendo así el sujeto toda responsabilidad en la comunicación. Por ejemplo, los esquizofrénicos pueden negar la comunicación hasta el punto de la catatonia.

La teoría sostiene que la principal función de la comunicación humana sofisticada es confirmarnos a nosotros mismos. Mediante nuestras constantes interacciones, buscamos que los otros validen nuestra forma de ser. Sin esta función, la comunicación no habría evolucionado más allá de lo necesario para la supervivencia. Probablemente, no existirían ni el amor ni el odio. Algunas formas de rechazo pueden resultar constructivas para el self, pero ignorar al otro no resulta constructivo. Necesitamos que los demás validen nuestra forma de ser, reforzándola, o la rechacen, indicándonos así una vía para el cambio. Sin embargo, si el mundo ni nos confirma ni nos rechaza, nos quedamos en situación de impasse.

La comunicación es probablemente lo que nos hace humanos. En experimentos de deprivación sensorial, cuando alguien es forzado a comunicarse exclusivamente consigo mismo, se ha demostrado que es muy difícil mantener la estabilidad emocional. El ser humano necesita recibir la confirmación de su existencia de los demás.

Los conflictos interpersonales pueden ser impenetrables, por los laberintos inextricables de retroalimentaciones que pueden llegar a suponer. No pueden comprenderse como relaciones causa-efecto, dado que son dinámicas circulares. El que está inmerso en ellas suele pensar que sólo reacciona, cuando en realidad también es provocador de tales dinámicas.

En ocasiones puede haber errores de traducción entre la parte digital y analógica de la comunicación. Por ejemplo, en la histeria, los síntomas de conversión pueden interpretarse como comunicaciones analógicas que no encuentran una forma plausible de digitalizarse.

En las interacciones simétricas, que se dan entre iguales o individuos de un mismo status, la amenaza más común es la competición. Por ejemplo, cuando existe un desacuerdo a nivel contenido, como cuando no se está de acuerdo en un dato concreto (p. ej., el número atómico del Uranio), se puede subsanar consultando una fuente acreditada; sin embargo, simultáneamente, se generará un problema en el nivel relacional, derivado de que uno tenía razón y el otro estaba equivocado, el cual puede perpetuarse si no se resuelve de forma satisfactoria para ambos. Si el derrotado busca o provoca otra ocasión para resarcirse, puede llegarse a un círculo vicioso. En las relaciones complementarias, por el contrario, la carga o el valor de un mensaje no viene dado por su contenido, sino por la confirmación o negación del mensaje siguiente del otro interlocutor; esto es, si el interlocutor mantiene el sentido de la complementariedad (superior o inferior) o si se rebela contra ella.

 

La interacción humana

La comunicación puede explicarse desde el marco de la Teoría General de Sistemas. Todos los elementos de la comunicación conforman un todo inseparable, donde cada alteración de un factor significa un cambio en el resto de componentes también. Además, estos cambios se retroalimentan entre sí. En este tipo de tramas complejas, idénticos resultados pueden provenir de orígenes distintos. Y, también, diferentes resultados pueden haber tenido causas idénticas. Esto puede explicar, por ejemplo, por qué un trauma puede desembocar en una psicopatología y, sin embargo, otro de similares características ser superado sin problemas.

Entendida la comunicación como un sistema abierto de estas características, el libro ilustra un caso en el que un matrimonio utiliza sus respectivos síntomas fóbicos para mantener el equilibrio de la relación. El marido no debe enfrentarse a sus problemas porque la mujer no se atrevería y, de paso, la mujer protege y supervisa al marido a la inversa. Por ejemplo, debido al miedo a los ascensores de la mujer, el hombre no debe enfrentar su miedo a las alturas.

 

¿Quién teme a Virginia Woolf?

En la obra “¿Quién teme a Virginia Woolf?” vemos a un matrimonio que mediante escaladas simétricas de ataques proponen continuamente juegos comunicativos destructivos. En estos juegos de crueldad se proponen reglas que invariablemente uno de los dos rompe para provocar al otro, como si romper las reglas fuera la regla general, el nivel explicativo superior de su matrimonio. Sin embargo, muchas veces ríen y se lo toman con humor, cerrando así los ciclos y pudiendo entrar en el siguiente juego. Sin embargo, su capacidad para la reconciliación es inferior a su capacidad para pelearse, por lo cual no tardan en enzarzarse otra vez. La mujer es abiertamente violenta, mientras que el hombre es más pasivo y sofisticado en sus ataques. Ambos creen ser reactivos, pero no dejan de ser causa a su vez del comportamiento del otro. En la obra de teatro hay otra pareja que sirve de contrapunto, un matrimonio recién casado que guarda las formas de manera incluso forzada. Las coaliciones entre miembros de ambos matrimonios servirán a los propósitos de sadomasoquistas del matrimonio protagonista. Además de las patologías relacionales, sobrevuela en la obra un acuerdo de contenido que los mantiene unidos y que consiste en la fantasía de que tienen un hijo. En el clímax de la obra, el hombre decide matarlo con el fin de atacar a la mujer, acabando con el mito del hijo y tal vez con su dinámica comunicacional hasta el momento, final que se deja abierto en la obra. Cabría pensar también que, en el futuro, sustituirán el mito del hijo imaginario por el mito del hijo imaginario muerto, lo cual mantendría la estabilidad interna de su comunicación patológica.

 

La comunicación paradójica.

El libro explica profusamente ejemplos diversos de comunicaciones paradójicas, donde uno queda atrapado por un mensaje contradictorio que consta de dos partes irreconciliables que no puede satisfacer a la vez. Por ejemplo, el caso de alguien que hace dos regalos para, después, preguntar por cuál ha sido el preferido y comunicar su tristeza por el que no ha gustado tanto. En la comunicación familiar, este tipo de paradojas, cuando son constantes, pueden tener relevancia en el origen y mantenimiento de los trastornos. En la esquizofrenia, por ejemplo, muchas veces los padres toman los cambios de conducta por empeoramientos, cuando muchas veces son mejorías que comunican una mayor independencia de los hijos, con lo cual los esquizofrénicos se enfrentan a la paradoja de que mejorar es peor. Otros ejemplos de comunicación paradójica son mensajes del tipo “estoy mintiendo”, “sé espontáneo”, “domíname”, “no obedezcas”, etc.

En la comunicación denominada “doble vínculo” se afirma algo y luego se afirma algo sobre la afirmación; sin embargo, ambas afirmaciones no pueden darse a la vez. Esto ha de suceder en el contexto de una relación intensa y, además, al receptor se le debe negar la posibilidad de salirse del contexto para resolver la paradoja; si hace falta, se le prohíbe hacer explícita la contradicción y se le obliga a elegir una alternativa. Por ejemplo, un fiscal que pregunta: “¿Ha dejado de pegar a su mujer? Responda sólo sí o no.” En este caso, si el sujeto nunca ha pegado a su mujer, el fiscal no le está dejando ninguna salida lógica.

En una contradicción, uno se ve obligado a elegir una de las partes que se contraponen. Sin embargo, en la paradoja, la elección no es posible, y uno se queda como eternamente oscilando entre las posibilidades, sin llegar a resolver. Esto supone un efecto paralizante.

 

Paradojas en psicoterapia

Para resolver la comunicación psicopatológica, será necesario hablar sobre la propia comunicación. Es decir, salir del juego propiamente dicho para poder hablar de las reglas del juego. Para ello es necesario crear una metacomunicación. Esto no siempre es fácil, puesto que no existe un lenguaje propio que hable exclusivamente sobre el lenguaje. Las matemáticas, por ejemplo, tienen el álgebra o los símbolos del cálculo, pero para comunicarnos sobre comunicación lingüística usamos el mismo lenguaje que al comunicarnos normalmente, lo cual supone que la metacomunicación se superpone y no siempre es distinguible de la simple comunicación. Para subir hasta un nivel explicativo que sea capaz de explicar el nivel en el que nos desenvolvemos habitualmente, es necesario hacer un esfuerzo que no siempre es fácil ni evidente.

Generalmente, es imposible generar cambio alguno desde dentro de los juegos de relación y, por eso, en psicoterapia se trata de dar mayor perspectiva y enseñar a emitir mensajes desde fuera, es decir, metamensajes, para que sean capaces de modificar los mensajes del juego. La posibilidad de contar con un mediador o psicoterapeuta permite contar con alguien que no está adscrito a las reglas del juego comunicativo en el cual los integrantes del mismo se hallan atrapados. El problema de este enfoque es que, más temprano que tarde, el terapeuta pasa a formar parte de ese sistema, y sólo podrá salir de él consultando con otro colega.

El tratamiento mediante la prescripción del síntoma es muy variado y puede hacerse de muchas maneras. Siempre pretende incurrir en una paradoja del tipo “sé espontáneo” para generar el cambio. Puede considerarse un doble vínculo terapéutico. La lógica de este sistema reside en que la persona adolece del síntoma involuntariamente, porque ésta es la naturaleza intrínseca de los síntomas, la involuntariedad. Si se le pide que lo finja, se hallará metido en una paradoja pragmática que, presumiblemente, le paralizará conductualmente y el síntoma desaparecerá. Porque, si obedece, significará que puede controlar el síntoma, por lo cual ya no es un síntoma. Y si no obedece, dejará de tener el síntoma igualmente, ya que se lo hemos prescrito y no lo cumple. Por lo tanto, o cambia o cambia. Es doble vínculo porque cumple las otras dos condiciones: no poder salir del juego y desarrollarse en una situación intensa. Ningún paciente saldrá del encuadre terapéutico para redefinir el juego de la terapia: esto sería tremendamente raro de encontrar; por lo tanto, el paciente se ve atrapado por unas reglas que no puede cambiar. Y la situación desde luego es intensa, ya que uno no acude a terapia si no es por un buen motivo.

 

Epílogo existencialista

En el epílogo se intenta integrar esta teoría comunicacional con una perspectiva existencial, atendiendo a que el ser humano es algo más que un animal social y que, por lo tanto, el ámbito comunicacional es sólo una parte de la existencia.

Acercándonos al misterio de la existencia humana en los términos propuestos por la teoría comunicacional, tenemos que aquellos que buscan el sentido de la vida no hallan respuesta por la razón de que están dando vueltas dentro del mismo sistema desde el cual se propone el enigma, es decir, el propio juego de la vida, sin perspectiva exterior. Ningún nivel de comprensión puede explicarse a sí mismo, como se trata de demostrar en el libro, de la misma manera que unos ojos no pueden verse a sí mismos. La mente humana trata de explicarse a sí misma. Pero, al estar en el mismo nivel explicativo, es incapaz de encontrar explicaciones satisfactorias.

El mundo no contiene al individuo ni tampoco el individuo contiene al mundo, sino que forman un todo indisoluble en el cual el individuo ES en el mundo. El individuo, en base a sus experiencias, le propone al mundo una forma de ser, un self, que la realidad se encargará de confirmar o desconfirmar, como se hace en cualquier interacción comunicacional. Pero el ser humano no puede salir de su existencia, o de su mundo, para obtener una visión de conjunto que le permita generar leyes o explicaciones sobre ello. Cuando uno llega a la conclusión de que no puede buscar respuestas, porque estamos imposibilitados para generar las preguntas adecuadas, entonces ha llegado de algún modo a la solución: que no existen preguntas finales ni, por lo tanto, ninguna respuesta al enigma existencial.

Me gustaría añadir un comentario personal a este epílogo. Como afirma el libro, así se encuentra gran parte de las personas que acuden a terapia: inmersos en esas trampas circulares, en esos sistemas desde los cuales las preguntas no resuelven nada porque están impregnadas de las mismas trampas. Se me ocurre que, si el individuo pudiera tomar al mundo de la mano, como uno se hace acompañar del cónyuge, para ir juntos a terapia y obtener un punto de vista que no participe del propio sistema que se desea explicar, supongo que el único terapeuta posible sería alguien que no perteneciera a este mundo. Es decir, un dios. Me parece una explicación interesante del fenómeno religioso. Un creyente acude a Dios para obtener una explicación de su existencia, una explicación que sólo puede ser externa a la existencia misma. Busca una formalización de su vida, una confirmación de su ser existencial que, como ha quedado demostrado, desde su propia existencia no puede obtener. Por ello se dice que el existencialismo sólo tiene dos finales posibles: la primera opción es el absurdo, es decir, aceptar la inexistencia de preguntas supremas, con la consecuente imposibilidad de respuestas y, por lo tanto, aprender a vivir en la certidumbre de que vivimos una eterna incertidumbre; la segunda opción es Dios, es decir, tener fe en que existe otro mundo, un mundo divino que no podemos conocer ni comprender, pero que desde sus dimensiones superiores está en condiciones de explicar este mundo mortal y, por lo tanto, tiene el poder de confirmarnos a nosotros mismos.

 

Como valoración personal del libro, decir que me ha gustado mucho. Lo he encontrado interesante, brillante y muy instructivo. Es el tipo de material que, leído con atención y bien asimilado, cambia sutilmente nuestra manera de ver la realidad, tal vez para siempre. Como nota negativa, se echa de menos un estilo más divulgativo, dado que en ocasiones cae en excesivos intelectualismos que requerirían, una vez mentados, de una mayor profundidad para ser comprendidos completamente.

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