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La zanahoria, el huevo y el café


9 febrero, 2017 0 comments Personalidad, Psicología Positiva

Esta mañana, en clase de yoga, mientras dormitábamos en mitad de una relajación profunda, el profesor nos sorprendía con la siguiente historia, de autor, al parecer, anónimo:

 

“Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre la llevó a la cocina. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Hija mía, ¿qué ves?”

“Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

Le hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

La hija le preguntó: ¿Qué significa esto, padre?

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?

¿Eres una zanahoria, que parece fuerte pero que, cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido, ¿te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero… ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

¿Cuál de los tres eres?”

 

El relato me ha parecido muy acertado para explicar diferentes estilos de afrontamiento. Después de la clase, he vuelto a cruzarme con el profesor de yoga y le he felicitado por su iniciativa. Me ha dicho: “Gracias. De vez en cuando me gusta leer algo así, para hacer pensar.” Y la verdad es que ha tenido éxito. Yo, por lo menos, me he ido con el cuento en la cabeza, todo el día, reflexionándolo. Tanto ha sido así que, sin desmerecer un final que a mi entender es muy bueno, no resisto la tentación de continuarlo un poco más y escribir un final alternativo. Ya que es anónimo, no creo que a nadie le moleste.

 

“Voy a responderte, padre, a tan interesante pregunta. De los tres elementos, elijo el cuarto. Yo quiero ser el agua. Quiero ser capaz de hacer blando y deshacer lo que en un principio me parezca duro. Quiero también tener la capacidad de endurecer las cosas que son demasiado frágiles. Y quiero ser capaz de extraer lo mejor de cada momento, aunque sea un momento tan negro o insignificante como un grano de café.”

 

A mí me gusta más así. No sólo porque soy un enamorado del Tao Te King (sé como el agua), sino porque, además, estoy convencido de que los hijos son los maestros de sus padres y no al revés.

Vicente Bay.

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