Blog

El divorcio y los hijos


21 octubre, 2017 0 comments Familia

Cuando llega la ruptura de una pareja (separación o divorcio), uno de los asuntos más peliagudos es regular la situación en la que quedan los hijos.

¿Con quién o quiénes van a vivir? ¿En qué casa? ¿Cuál será el régimen de visitas o estancias? ¿Qué acuerdo económico puede alcanzarse de cara a las necesidades de manutención?

Para resolver estas cuestiones podemos acudir a los tribunales, pero debido al propio funcionamiento adversativo de los procesos judiciales, es fácil que se acreciente el nivel de conflicto entre los cónyuges, a través de una escalada de exigencias y de reproches mutuos.

A veces, incluso, se llegan a presentar denuncias falsas de malos tratos para conseguir “vencer” y “derrotar” a la otra parte, dentro de esa lógica de guerra judicial donde todo vale. Se trata de una práctica completamente desaconsejable para la salud emocional de todos los implicados, pero sobre todo de los hijos.

Las principales víctimas de estas batallas legales son siempre los más pequeños. Por ello lo mejor es acudir a la figura del psicólogo o del mediador familiar antes de que las posiciones de ambas partes se alejen de forma dañina y, muchas veces, irreconciliable.

En efecto, en lugar de entrar en guerra abierta, se puede trabajar en una solución del conflicto mediada, la cual procure beneficiar a todas las partes, al menos tanto como la situación lo permita; pero, sobre todo, intentando que los menores salgan lo menos perjudicados posible, dentro del duro proceso que supone el divorcio de sus padres.

Cuando no hay posibilidad de acuerdo y ya no queda más remedio que ir a juicio, al juez se le puede ayudar mediante los peritajes psicológicos correspondientes, los cuales sirven para averiguar de qué manera los menores pueden salir más beneficiados, en materia de regímenes de visita, patria potestad y custodia.

En resumen, aparte del derecho, debe hablar la psicología.

 

Por lo tanto, como primera medida para iniciar un divorcio, yo aconsejo acudir a una empresa de mediación familiar. Allí encontraremos un equipo interdisciplinar, con profesionales tanto de la psicología como del derecho, que nos puede ayudar a sobrellevar el proceso del divorcio de la manera más positiva posible.

De todas formas, a continuación voy proponer una serie de pautas de protección hacia los niños:

  1. El niño debe enterarse de la separación por los padres, antes que por otros canales o porque se dé cuenta él mismo. Por favor, tomaros un tiempo para hablar con vuestros hijos y explicarles en términos sencillos y neutros lo que va a suceder y cómo va a afectar a sus vidas. Procurad ser más descriptivos que valorativos y más positivos que críticos, sin hacer juicios de valor ni aprovechar para exculparos o para atacar a la pareja.
  2. Es importante dejar muy claro a los hijos que no habrá vuelta atrás, para lo cual la decisión debe estar suficientemente meditada antes de dar el paso. Si el niño se aferra a fantasías de reunificación familiar, la adaptación a su nueva situación será más difícil.
  3. Asegurad a los hijos que la ruptura nada tiene que ver con ellos. Si las discusiones habituales suelen ser por temas relacionados con los hijos (educación, cuidados, colegio…), éstos pueden interiorizar que el divorcio es culpa suya, ya que suelen ser el objeto de discusión, aunque sólo sean el arma arrojadiza que usan los padres para atacarse.
  4. Es mejor que la culpa de la separación recaiga en la incapacidad conjunta de la pareja para resolver sus diferencias, que es lo que normalmente suele ocurrir, en lugar de que un solo miembro de la pareja cargue con todas las culpas. Es decir, no es papá o mamá quién ha fallado, sino la conjunción de ambos como pareja. Excepto en casos de malos tratos.
  5. No hablar mal del otro cónyuge, aunque se tengan muchos motivos para hacerlo. Hay que tener en cuenta que los hijos deberán luego relacionarse con ambos padres; por lo tanto, conviene que mantengan una buena opinión de ambos, y no sólo con el objetivo de mantener unas buenas relaciones, sino también para su propia evolución de niños a adultos, porque el modelo natural de un niño es su padre/madre. De nuevo, no aplicable en casos de malos tratos.
  6. Insistir en la idea de que la ruptura no afectará al amor que se tiene por los niños. Ellos necesitan seguir sintiendo muy vivo el vínculo que les une con ambos progenitores. Explicar que el amor se apaga en la pareja, lateralmente, pero no hacia abajo en ningún caso y que eso no va a cambiar.
  7. Es imprescindible detallarle al niño las consecuencias de la separación: con quién va a vivir y dónde, si habrá cambio de colegio y cualquier cosa que vaya a afectar a su vida diaria y su rutina.
  8. Dar la oportunidad de preguntar y responder a las preguntas que planteen los hijos, con cautela, pero con sinceridad.
  9. Si los niños son lo suficientemente maduros, como puede ocurrir con adolescentes, será beneficioso para ellos permitirles participar en las tomas de decisiones sobre las consecuencias de la ruptura y sus detalles.
  10. Aunque como pareja ya no se tenga relación, hay que tener claro que sí existirá una relación como padres de unos hijos comunes. Por lo tanto, hay que mantener abiertas ciertas vías de comunicación, como mínimo, para cosas que atañan exclusivamente a los hijos.
  11. No someter a los niños a interrogatorios cuando vuelven del periodo de visitas. Para eso están las vías de comunicación abiertas con el otro progenitor, si se desea saber algo que nos preocupe o negociar cualquier particular. Debemos aceptar que se trata de un tiempo que no nos pertenece y que no podemos recuperar a base de preguntas.
  12. No sonsacar información para inmiscuirse en la vida sentimental del otro cónyuge. Hay que respetar la intimidad y la libertad de la otra casa y no usar a los niños como espías.
  13. Imponer la presencia de una nueva pareja a los hijos en el propio domicilio se debe hacer con mucho tacto y solamente cuando se está muy seguro de que será un cambio estable. A los niños le cuesta adaptarse a cada nueva situación, a cada nueva presencia y a cada nueva ausencia.
  14. Si aceptamos y colaboramos con la nueva pareja de nuestro cónyuge, en lugar de rechazarla o criticarla, los niños serán los mayores beneficiados.

Por último, recordar que, a pesar de que un divorcio es una fuente de estrés y un reto de adaptación tanto para padres como para niños, un matrimonio conflictivo puede ser aún peor. Por ello, un divorcio que suponga el cese de las hostilidades, puede ser una solución salomónica y beneficiosa para todos; no obstante, no lo será en absoluto si tal divorcio supone continuar con las hostilidades.

En definitiva, pensar en las necesidades de los niños antes que en las nuestras propias.

Vicente Bay.

Si te gusta, comparte:

Deja un comentario

Back to top